Una de las muchas tradiciones folcloricas de este pais son las romerías, esa especie de caminata hasta un campo supuestamente por motivos religiosos. Digo supuestamente, porque no hay más que ver los reportajes de Aquí hay tomate en el Rocío, que no dudo de la grandisima fé en la virgen de, por ejemplo, Maria Jimenez, pero que se pone fina es indudable.
En mi pueblo, que somos unos cachondos, celebramos dos romerías en semanas consecutivas, y todo el mundo a purgar sus pecados, ¡já!. No digo yo, que no haya gente que crea en estas cosas, pero que vamos, que la mayoría va a lo que va...
A mí como me gustaría más llegar a la redención a lo Paul Schrader, torturándome y escribiendo obras maestras del cine, no tenía pensado ir este fin de semana pasao, pero como el lunes era fiesta en Madrid y, sobre todo, jugábamos el partido más importante de la temporada pues nos dejamos caer por allí a ver el percal.
Hoy ya puedo decir, con mucho pesar, que de cara a Ratzinger sigo siendo un pecador (y lo que queda) y, con mucha alegría, que ya somos equipo de Tercera. La temporada que viene a comprar el Marca todos los lunes, anda que no.