Si estás saliendo por la puerta de un establecimiento con alarma antirrobo y suena ésta a tu paso, pueden ocurrir dos cosas:
a) Que hayas comprao algo con la tarjeta 5D, con lo cual sólo te queda resignarte, pues por esta vez han estado más listos que tú.
b) Que no hayas intentado mangar nada, con lo cual saltan también todas las alarmas en tu cabeza,... ¿me habrán metido algo en los bolsillos o qué?
Cuando ocurre esto último te pones más nervioso porque no sabes qué coño ocurre. Le das las bolsas al guardia de seguridad, te manda pasar sin bolsas y ese cacharro vuelve a pitar, y piensas en el puto libro (pagado hace unos días) que llevas en el bolso para leer en tus desplazamientos. Le das tu bolso al guarda, el cabrón no se corta y lo abre, y piensa igual que tú, el libro, lo mira, lo remira, observa el marcapáginas de pápiro que te regaló alguien que fue a Egipto, y ya se decide a pasarlo por el arco. No pita. Suspiras.
Los ojos del segurata pasan a otro objeto, una libreta. Tú piensas que no hace falta que la revise al detalle, que en cuanto la abra, va a ver que está usada... pues no, al segurata eso le importa un carajo, hasta que no la pasa por el detector y comprueba que no pasa nada, no se queda tranquilo. Sigue husmeando. Tú ya estás pensando en recomendarle que se apunte a oposiciones para algún cuerpo de seguridad del estado... Un paquete de pilas usado. Eso es. Suena la alarma. Respiras aliviado, recuperas tus pertenencias y te vas pensando en por qué coño el SuperSol y la Fnac no ponen la misma frecuencia en sus antirrobos.