La muerte de Rocío Jurado ha traído un gran disgusto a todo el país. A mí no es que me haya afectado especialmente pero me ha jodido (y mucho) el hecho de que, por culpa de ésto, la programación de la tele se haya convertido en un monográfico, y es que, que me quiten mi programa preferido de la última semana por un especial Corazón Corazón, no es de recibo.
Vayamos por partes. Yo que he sido Arguiñatista de toda la vida, de comprar la Supertele por las recetas que luego nunca ponía en práctica, no quería creer a mi hermano cuando me decía que el tal José Andrés era un fenómeno.
Había tenido varios intentos con su programa, pero el tío, con esos movimientos de manos que hace, que no para un segundo quieto, me ponía más bien nervioso, y lo quitaba rápido.
Pero esta semana, que he empezado a trabajar sólo por las mañanas, justo cuando me levantaba de la siesta con el almohada aún marcada en la cara, me he puesto a verlo más detenidamente, y ya puedo decir que tengo un nuevo ídolo catódico.
Vale que el elemento sigue moviendo las manos compulsivamente, vale que habla a tirones, vale que no tiene ni puta gracia, pero el martes se ganó un hueco en mi corazón cuando preparando unas tortitas mexicanas el tío decía que esa receta era apropiada para estudiantes que vivían fuera de casa y con poco presupuesto mientras sacaba un maiz importado de México, que en el Supersol de mi barrio creo que no hay, y luego sacaba una máquina "aplastadora" de tortitas, algo común en todas las cocinas de este país, como todos podéis comprobar.
Todo esto sin obviar que el tío tiene pinta de no tener el título de manipulador de alimentos, vamos, el día que salga rascándose los huevos en el programa, que no hay duda que lo hará, llamo a Michelín y amenazo diciendo que o le den una estrella más en su guía o me cambio a Bridgestone.

Su mirada, su barba de 3 días... ¡Tiembla George Clooney!